Imagen generada con Dall.e.
Como humanista y polímata, Leonardo da Vinci (1452-1519) representa el ideal de hombre universal del Renacimiento. Curioso empedernido, fue capaz a través de la observación profunda de la naturaleza de idear ingenios e inventos que revolucionaron los procesos y las formas de hacer de su época, ideando máquinas, arquitecturas, esculturas y artefactos que siguen utilizándose e inspirando a los ingenieros actuales.
En su exploración de la intersección entre el arte y la tecnología, la figura de Leonardo da Vinci se erige como un precursor visionario en múltiples campos y disciplinas. En el campo de las artes plásticas, para Leonardo la pintura era sinónimo del potencial del discurso intelectual del pintor como observador del mundo, más allá de la técnica o habilidad que se poseyera para plasmar la naturaleza. El pintor se distinguía de este modo como filósofo que, siguiendo la estela aristotélica, era capaz de profundizar en el conocimiento de las formas y los cuerpos visibles hasta llegar a la esencia misma de cada cosa, es decir, al entendimiento de sus virtudes internas. De ahí su anhelo por conocer la verdadera naturaleza de la materia, de entender sus partes y su relación con el todo.
“La última cena” (1498), una de sus pinturas más emblemáticas, es un ejemplo de su interés por la experimentación, utilizando en su creación nuevas técnicas que provocaron que rápidamente la obra comenzara a degradarse y deteriorarse. Entre sus técnicas revolucionarias cabe destacar, además del esfumatto o “esfumado de los contornos”, la aplicación de la perspectiva de los claroscuros y la llamada “estabilidad inestable”.
La «estabilidad inestable» es un concepto que refleja su profundo entendimiento de la naturaleza dinámica del mundo y su interés en capturar el movimiento y la vida, y que se manifiesta tanto en sus obras de arte como en los numerosos escritos y bocetos sobre ingeniería, anatomía y física que han perdurado hasta la actualidad. En el contexto del arte, la «estabilidad inestable» puede interpretarse como la habilidad de Leonardo para retratar figuras y escenas de una manera que sugiere movimiento y vida, a pesar de estar inmóviles en el lienzo, la pared o el papel. Esta técnica es evidente en muchas de sus pinturas, como la mencionada “La última cena” o “La Gioconda”(1503-1519) , en las que las figuras parecen estar a punto de moverse o de cambiar de expresión, creando una sensación de vida y dinamismo ante el espectador.
Del mismo modo, en sus estudios científicos y de ingeniería, Leonardo exploró la idea de la estabilidad en estructuras y máquinas, examinando cómo podrían mantenerse en equilibrio o cómo podrían ser diseñadas para moverse o cambiar de forma. Sus bocetos de máquinas voladoras, por ejemplo, muestran un interés en cómo se podría alcanzar y mantener el equilibrio en el aire, una especie de «estabilidad inestable» en la práctica en la que hombre y máquina se fusionaban creando un todo, un “hombre expandido” o mejorado.
Frente a esta búsqueda profunda del significado de las virtudes inherentes a cada cosa, en su estado actual las obras de la inteligencia artificial generativa (IAG) imitan las formas artísticas preexistentes. A través del aprendizaje y el análisis de datos, los modelos de IAG pueden llegar a “comprender” o “replicar” las obras con las que son entrenados según las normas estéticas y apariencia visual de cada estilo. Así, los modelos de IAG “aprenden” de vastas colecciones de obras de arte y generan nuevas creaciones que, en cierto sentido, reflejan una comprensión “aprendida” o “imitada” de los principios artísticos. Sin embargo, ¿sería capaz una máquina de “idear” nuevos estilos como por ejemplo el cubismo sin haber sido entrenada con las obras de Braque, Picasso o Blanchard?
Mientras que da Vinci enfatizaba el papel de la observación y la experiencia sensorial en el arte, la IA opera en un dominio puramente digital, sin experiencia sensorial directa, y sin necesitar comprender las virtudes internas de los elementos (objetos, personas, escenarios…) que está creando. Esto plantea preguntas sobre la autenticidad y la originalidad en el arte generado por IA, un debate que también refleja las inquietudes renacentistas sobre la imitación y la invención en el arte.
Frente a la estabilidad inestable de Leonardo, generalmente la inteligencia artificial generativa crea obras altamente estables, con infinitud de detalles e hiperrealistas, en las que las personas, los animales o las construcciones se detallan a la perfección, como dibujadas con aerógrafo, cinceladas a base de prompts. Muchos artistas ya están experimentando para utilizar las diferentes inteligencias artificiales generativas con solvencia, usándola como musa, y también para romper sus propios límites o trasgredir sus estilos. Quizás así, e incorporando un discurso intelectual como el de Leonardo a la creación artística, la inteligencia artificial generativa llegue a generar resultados sorprendentes y, quién sabe, nuevos estilos artísticos.