Avanzando hacia las buenas prácticas en el uso de la inteligencia artificial generativa
Imagen generada con Dall.e
La recientemente publicada “nota informativa sobre buenas prácticas relativas a la utilización de sistemas de inteligencia artificial en el ámbito del Ministerio de Cultura” de España (febrero 2014) establece directrices fundamentales acerca del uso de la inteligencia artificial generativa (IAG) en el ámbito cultural, enfatizando la necesidad de respetar la propiedad intelectual y promover la creación humana. Se prohíbe pues que obras creadas exclusivamente por IAG sean galardonadas en los Premios Nacionales, priorizándose las obras generadas por personas, aunque estas puedan usar IAG como herramienta de apoyo. Además, se requiere transparencia en el uso de IAG en contrataciones y subvenciones, asegurando el respeto a la legislación de propiedad intelectual y de IAG.
Esto refleja un esfuerzo por equilibrar la innovación tecnológica con la protección de los derechos de los creadores, así como la promoción y puesta en valor de la creatividad humana y las técnicas tradicionales. Un ejemplo del uso excesivo es el que se está viendo en estos días en el caso de periódicos, que al intentar ilustrar sus noticias con obras generadas artificialmente pueden llegar a incurrir en graves errores históricos, tal y como especificaba en esta publicación en X el historiador y divulgador Miguel Ángel Cajigal, conocido como “El barroquista”. Otro caso es el de los concursos municipales ganados de forma recurrente por un único autor usando IA, que parece haber sido uno de los detonantes decisivos considerados por el ministerio de Cultura en su guía de buenas prácticas.
La guía del Ministerio de Cultura refleja también la intención de abrir camino entre las complejidades éticas, legales y creativas introducidas por dichas tecnologías. Al establecer ciertas directrices que priorizan el respeto a la propiedad intelectual y limitan la elegibilidad de obras generadas íntegramente por IAG para premiaciones, la guía busca un equilibrio entre fomentar la innovación y proteger los derechos de los creadores tradicionales. Esta aproximación subraya la importancia de la autoría humana en la creación artística, al tiempo que reconoce el valor de las herramientas de IAG como complementos en el proceso creativo. Sin embargo, podría argumentarse que tales restricciones también podrían limitar el potencial pleno de exploración artística de la IAG. En cualquier caso, la guía se alinea con la tendencia global hacia la regulación de la inteligencia artificial, de la cual es ejemplo la Ley Europea sobre Inteligencia Artificial de 2023, enfatizando la necesidad de un marco ético y legal que acompañe el desarrollo tecnológico.
Una brevísima historia de la regulación de nuevas tecnologías mostraría un patrón recurrente en la innovación tecnológica aplicada a las artes, ya que esta suele desencadenar intensos y pertinentes debates sobre la ética, la propiedad intelectual y el acceso al conocimiento. La fotografía, por ejemplo, desafió las nociones tradicionales de arte y reproducción, llevando al desarrollo de leyes de derechos de autor adaptadas a este medio. La radio y la televisión afrontaron también regulaciones gubernamentales para asegurar diversidad de contenido, evitar la concentración de poder mediático y proteger los derechos de autor. Más adelante, la digitalización y el acceso internet intensificaron estos desafíos, especialmente con la piratería, forzando a gobiernos y organizaciones internacionales a buscar un equilibrio entre proteger la propiedad intelectual y promover el acceso libre al conocimiento. Del mismo modo, La controversia sobre las fotocopias de libros y artículos académicos subrayó todavía más la tensión entre el acceso al conocimiento y los derechos de autor, evidenciando cómo cada avance tecnológico conlleva desafíos regulatorios específicos. En cualquier caso, la guía del Ministerio de Cultura marca un antes y un después al posicionarse como lógica defensora de los derechos de los artistas y sobre todo del talento humano frente a prácticas abusivas y desleales en el uso de la tecnología, sea cual sea.
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