Arte digital, criptoarte y arte generativo
Imagen generada con Dall.e.
Aunque en ocasiones se confunden, el arte digital y el criptoarte representan dos facetas de la evolución artística en la era digital, cada una con características y contextos históricos diferentes. Por su parte, el arte digital emerge con la revolución tecnológica de finales del siglo XX, aprovechando nuevas herramientas y plataformas digitales para crear obras. Su objetivo no solo es explorar las técnicas de crear arte con instrumentos tecnológicos como los ordenadores, sino indagar en sus posibilidades hasta crear un lenguaje artístico propio y diferencial, tal y como en su día logró la fotografía.
Esta fusión de las técnicas tradicionales con medios electrónicos abarca desde la pintura digital y la fotografía hasta instalaciones multimedia o los hologramas. Artistas como David Hockney y su uso del iPad para crear arte es un ejemplo destacable por su habilidad para adaptarse y experimentar con nuevas tecnologías, manteniendo su estilo distintivo y su enfoque en la exploración del color, la luz y la perspectiva.
El criptoarte, por otro lado, es un fenómeno más reciente, vinculado al desarrollo de la tecnología blockchain y las criptomonedas. Este tipo de arte se caracteriza por su comercialización a través de tokens no fungibles (NFTs), lo que garantiza la autenticidad y propiedad exclusiva de obras digitales. Aunque ya se estaba explorando su potencial desde hacía algunos años, la subasta de la obra “Everydays: The First 5000 Days” de Beeple marcó un antes y un después al venderse por 69 millones de dólares en Christie’s, arrancando un duro debate sobre la especulación inherente a los NFTs.
Tanto el arte digital como el criptoarte, por tanto, reflejan la influencia creciente de la tecnología en la expresión artística, aunque el arte digital se centra en la creación mediante herramientas digitales y el criptoarte se enfoca más bien en la propiedad y distribución de arte en la era digital.
Tres lecturas para entender el arte digital y el arte generativo
La transición desde la controversia en torno al uso de ordenadores para crear arte a finales del siglo XX hasta el debate actual sobre la inteligencia artificial generativa refleja una evolución en la percepción y aceptación de la tecnología en el arte. Inicialmente, el arte digital se tuvo que enfrentar al escepticismo sobre su legitimidad artística y su capacidad para transmitir la profundidad emocional y conceptual del arte tradicional. Hoy, la IA generativa despierta debates similares sobre originalidad, autoría y la esencia de la creatividad. Ambos momentos históricos subrayan tensiones entre innovación tecnológica y valores artísticos establecidos, desafiando continuamente las definiciones de qué es arte y qué no, algo que ni siquiera es original, tal y como se constata a lo largo de la historia.
Ya en 2003, en su libro “Digital Art” Christiane Paul analizaba cómo los artistas utilizaban la tecnología digital para crear obras que exploraban nuevos medios y formas de expresión, destacando la importancia de Internet y el software de diseño como herramientas creativas. Años después, en 2009 Edward A. Shanken presentó “Art and Electronic Media”, una recopilación de una amplia gama de obras de arte que ilustran la intersección entre arte, ciencia y tecnología. Shanken también incidía en cómo los medios electrónicos han influido en el arte contemporáneo, explorando temas como el arte generativo, la realidad virtual y la interactividad. Por su parte, en el interesantísimo libro “The Artist in the Machine: The World of AI-Powered Creativity” (2019), Arthur I. Miller se adentró el emergente campo del arte creado con la ayuda de la inteligencia artificial, discutiendo las implicaciones éticas, estéticas y filosóficas de esta práctica. A través de entrevistas con artistas, diseñadores y científicos, el libro reflexiona sobre cómo la IA está redefiniendo los límites de la creatividad humana.
La percepción de que el arte generado por ordenador es de «menos valor» que el realizado con técnicas tradicionales a menudo se debe a prejuicios históricos y culturales. Tradicionalmente se ha valorado el arte por la habilidad manual en su ejecución y el “aura” de la obra única, ambos criterios que el arte digital desafía al ser fácilmente replicable y no requerir técnicas “manuales” para su ejecución.
Sin embargo, esta visión está cambiando con el reconocimiento de la creatividad, innovación y habilidad técnica requeridas para el arte digital, así como las nuevas relaciones en el consumo de este, reflejando un cambio cultural hacia la apreciación de nuevas formas de expresión artística.